Hewegne se inclinó sobre el estanque, tan sólo para contemplar el reflejo de sus ojos en las aguas oscuras. Todo parecía más bello allí, y el rumor de los cuernos y de las espadas parecía quedar más lejos, en otro mundo más negro y más frío.
Su rostro quedó roto de repente.
Había comenzado a llover. Las gotas caían pequeñas y punzantes, y quedaban atrapadas en sus cabellos y le bajaban por la cara como las lágrimas que ella no se había atrevido a derramar.
- Señora, debemos partir.
No había oído llegar a Hendrik. Al girarse vio al caballero con la armadura ensagrentada. Una herida en el hombro había teñido de rojo la parte superior de la sobrevesta blanca de Darkhall, y el visor levantado del yelmo dejaba al descubierto la aflicción y el cansancio en el semblante duro del anciano. Olía a sangre, a humo y a muerte.
-Sí. sí, claro- aceptó ella. "Pronto estarán aquí"- . Que Edrhin y Tuomas ensillen los caballos.
-Ya lo han hecho. Vayámonos.
Hewegne se levantó y se sacudió del vestido la hojarasca. Aún a su edad, Hendrik le sacaba más de una cabeza.
- Que los dioses me perdonen...- masculló. "No hay otra opción"-. Prendedle fuego a todo.
-¿Qué?
-Ya lo habéis oído.
- Pero,mi señora... La casa de vuestros padres...
"De mis padres, sí, y de William."
- He dicho que le prendáis fuego. Si los orkhdianos quieren el Norte, que se alimenten de cenizas. Jamás gobernarán en Darkhall. Quiero ver arder este lugar.
- Como ordenéis- aceptó apesadumbrado el caballero-.
El viento se levantó en el este, y la lluvia le golpeaba el rostro y batía su capa y revolvía las crines de Fortuna mientras se alejaban de la fortaleza rumbo al mar. Al llegar al bosque se giró sobre la silla para contemplar las llamas que se elevaban hacia la tormenta. Las torres eran ahora inmesas antorchas, lanzas incandescentes que arañaban el cielo gris. Más allá, donde le río arrastraba los cadáveres de quienes quisieron resistir, una masa oscura se movía con implacable lentitud por sus campos: miles de figuras sombrías bajo estandartes rojos.
"Algún día regresaré"-pensó Hewegne con amargura, y luego se dio la vuelta y se internó en la floresta.
Capítulo VIII-Parte II-El Poema de ls Cuervos- By me.
jueves, 17 de junio de 2010
jueves, 10 de junio de 2010
Hederalkar
Soy el corazón de un hombre muerto. Soy la brisa que silba entre las ruinas del último imperio. Soy la sombra del Sol. Soy un jirón de la útima bandera.
lunes, 7 de junio de 2010
RAVENLAND
Un murmullo apagado se arrastra por el suelo frío y sube reptando por las esquinas, aliado siniestro de la niebla y la escarcha. Es la voz de la noche, el anuncio de la oscuridad, de la agobiante proximidad del mar sin orillas que se abre ante ti. Y sin embargo no huyes. Permaneces en pie. Ese sonido te acaricia, te envuelve, te abraza y te eleva y te hace más ligero y más libre. A un lado y al otro miras y sólo ves alas. Alas negras. Tus brazos ya no son brazos, y todo tu cuerpo renace ahora, más ágil y más joven. Alzas el vuelo sobre el mundo en calma. Gritas; gritas de forma frenética, histérica, espasmódica, y de tu boca salen graznidos que rompen la noche, y ya no se oyen murmullos. Las tinieblas besan tu cuerpo cuando penetras en la inmensidad del cielo helado. Oyes tu propia voz en tu cabeza. Es la noche del cuervo.
lunes, 31 de mayo de 2010
ANTES DE LA CAÍDA
"-¿ Te he contado en alguna ocasión que yo viví en Fortwâll?- inquirió mientras avivaba el fuego del hogar-. Si bien es cierto que en aquel tiempo aún era conocida por el nombre que le pusieron sus fundadores: Forewalla. Aquellos años conocieron grandes cambios, y muchas cosas no serán nunca ya lo que fueron... Porque los jóvenes no recordáis las costumbres antiguas, y sólo ves piedras amontonadas en el lugar ante el que se arrodilló tu padre, y el padre de tu padre antes que él, cuando los dioses vivían en los árboles y los lagos de Eribd eran lugares sagrados. Allí se reunían los Healas en el nacer de la primavera y antes de caer el sol el último día de invierno.
Una vez tuve el privilegio de acudir, acompañando al señor de la Atalaya.
- ¿Fue entonces cuándo conocísteis a mi abuelo?
- Sí...- la tenue luz de las llamas le besaba el arrugado rostro-. Servimos en la compañía de Segrett Stonehawk, que era aún poderoso entre los clanes del este, y muchos días cabalgamos por las tierras de Obder, y muchas noches compartimos la carne y el hidromiel."
Anexo I- El poema de los Cuervos- By me
Una vez tuve el privilegio de acudir, acompañando al señor de la Atalaya.
- ¿Fue entonces cuándo conocísteis a mi abuelo?
- Sí...- la tenue luz de las llamas le besaba el arrugado rostro-. Servimos en la compañía de Segrett Stonehawk, que era aún poderoso entre los clanes del este, y muchos días cabalgamos por las tierras de Obder, y muchas noches compartimos la carne y el hidromiel."
Anexo I- El poema de los Cuervos- By me
jueves, 27 de mayo de 2010
ERIBDLAND
"Recuerdo aún los días en que cabalgué junto a Sir Karold Norclair, sí... Y recuerdo su yelmo de acero destellando bajo el sol del verano, y su capa de piel de zorro, y también a los doscientos hombres que sacrificó en el paso de Hamerlainn...
Cruzamos el estrecho de Svalkäär el primer día del otoño; llovía. Luego nos internamos en las tierras que se abren más allá de las nieves, y el invierno nos cogió en plena campaña bajo los muros de Doroheim. Allí fue donde recibí esta herida que jamás habrá de abandonarme... Aquellos hijos de puta peleaban como lobos."
Anexo I- El poema de los Cuervos-By me
Cruzamos el estrecho de Svalkäär el primer día del otoño; llovía. Luego nos internamos en las tierras que se abren más allá de las nieves, y el invierno nos cogió en plena campaña bajo los muros de Doroheim. Allí fue donde recibí esta herida que jamás habrá de abandonarme... Aquellos hijos de puta peleaban como lobos."
Anexo I- El poema de los Cuervos-By me
viernes, 21 de mayo de 2010
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