"Damien se irguió.
Cuando alzó el rostro hacia el cielo, la noche pareció iluminarse de repente. Sin embargo, un halo de tiniebla, como una niebla pesada, parecía envolverle por completo.
Ninguno de los presentes dijo nada.
- ¿Nos vamos?- inquirió Alaric en voz muy baja, como quien teme interrumpir algo importante y solemne-.
- Los sobrinos de Thibaud llegarán pronto- dijo Ulrich. No podemos quedarnos más.
Damien no dijo nada, y de su cara no puedieron deducir mucho más. Parecía heber sido abandonada súbitamente por todo rastro de vida, y era ahora apenas una máscara esculpida en piedra.
- Decidle a mi padre que marcho contra Dargëenheim, amigo Thomas- susurró Damien mientras se subía a la silla con gesto parsimonioso-. Despedíos de él por mí.
- ¡Pero Damien- exclamó el joven caballero-, ¿qué hacéis?!. No hay nada que buscar allí. Vuestro señor padre ya ha perdido demasiado en este otoño haciago...
Pero aquel joven que se había vuelto viejo tan de repente, y cuya mirada oscurecían las sombras de un corazón sangrante, ya no tenía oídos para nada que no fueran los estertores agónicos de quien fuera su hermano.
- Dejadme que os acompañe- le pidió Ulrich dándole alcance-. No vayáis solo a aquellos lugares, por los dioses.
- Id a vuestra casa, garldiano-respondió sin girar la cabeza-. Vuestro hijo menor hará pronto los dos años, y él os necesita más que yo. No hay motivo alguno que os lleve ante esos muros malditos."
miércoles, 15 de diciembre de 2010
viernes, 5 de noviembre de 2010
TROY
"Los hombres viven obsesionados por la inmensidad de lo eterno. Por eso nos preguntamos: ¿tendrán eco nuestros actos, con el devenir de los siglos? ¿Recordarán nuestros nombres los que no nos conocieron cuando ya no estemos? ¿Se preguntarán quiénes éramos?"
Aquiles
Aquiles
martes, 14 de septiembre de 2010
EL CÓDIGO DE CABALLERÍA
" Un día un hombre tuvo un sueño... de justicia, de paz quizá... Pero en cualquier caso todo eso murió hace ya mucho tiempo. Bueno, es posible incluso que nunca llegara a existir. Porque nunca conocí a quien se rigiera por él en su vida, o a quien lo observara más allá de como pudiese observar la caída de la hoja en el otoño...
A veces llego a preguntarme qué hubiera sido de mí si hubiese atenido a este sueño mi conducta, si cada día mi voluntad hubiese regido mis acciones...
Pero ahora es tarde.
Todo lo que era bello está muerto y olvidado.
¡Caballeros! ¡Ja! Aún los hay que creen en las viejas leyendas y en esos cuentos de viejas... No, no hubo nada de aquello. Cada cual lo hizo lo mejor que pudo por su señor y por sí mismo...Sobre todo por sí mismo, no lo negaré."
Anexo III- El Poema de los Cuevos- "De las memorias del último caballero"- By me
A veces llego a preguntarme qué hubiera sido de mí si hubiese atenido a este sueño mi conducta, si cada día mi voluntad hubiese regido mis acciones...
Pero ahora es tarde.
Todo lo que era bello está muerto y olvidado.
¡Caballeros! ¡Ja! Aún los hay que creen en las viejas leyendas y en esos cuentos de viejas... No, no hubo nada de aquello. Cada cual lo hizo lo mejor que pudo por su señor y por sí mismo...Sobre todo por sí mismo, no lo negaré."
Anexo III- El Poema de los Cuevos- "De las memorias del último caballero"- By me
martes, 7 de septiembre de 2010
TRAS LA BATALLA...
"-Hazlo-.
Apenas un susurro, y sin embargo tan seco y vacío de emociones que helaba el alma.
Balem aferró con más fuerza la empuñadura de Ferighil, y sin embargo su brazo no se alzó ni un palmo.
- ¿A qué esperas?-insistió Edward-. Mátame. Tienes que hacerlo; lo sabes. Y yo lo deseo.
Chillidos. Allí, el lo alto del acantilado, los chillidos desgarrados de las gaviotas se elevaban por encima del rumor de las olas. El mar arrastraba los cuerpos de los hombres. Norteños o thinienses,lo mismo le daba al océano. Carroña para las bestias, alimento para los peces...
Balem apartó sus ojos de las aguas. El viento le tironeaba de la capa y revolvía sus cabellos.
- ¡Mátame!- tronó nuevamente el príncipe. Su rostro ensangrentado y sucio de sudor y barro se arrugó en una mueca de dolor, de rabia-. ¡¿A qué esperas, norteño?!
Un movimiento brusco, un crujido, y un surtidor escarlata al paso del filo de la espada. El cuerpo descabezado de Edward, Señor de Dôrminia y Príncipe de Thinar, cayó inerte sobre la hierba húmeda de Goldencliff."
Capítulo XX- Parte II- El Poema d los Cuervos-By me
Apenas un susurro, y sin embargo tan seco y vacío de emociones que helaba el alma.
Balem aferró con más fuerza la empuñadura de Ferighil, y sin embargo su brazo no se alzó ni un palmo.
- ¿A qué esperas?-insistió Edward-. Mátame. Tienes que hacerlo; lo sabes. Y yo lo deseo.
Chillidos. Allí, el lo alto del acantilado, los chillidos desgarrados de las gaviotas se elevaban por encima del rumor de las olas. El mar arrastraba los cuerpos de los hombres. Norteños o thinienses,lo mismo le daba al océano. Carroña para las bestias, alimento para los peces...
Balem apartó sus ojos de las aguas. El viento le tironeaba de la capa y revolvía sus cabellos.
- ¡Mátame!- tronó nuevamente el príncipe. Su rostro ensangrentado y sucio de sudor y barro se arrugó en una mueca de dolor, de rabia-. ¡¿A qué esperas, norteño?!
Un movimiento brusco, un crujido, y un surtidor escarlata al paso del filo de la espada. El cuerpo descabezado de Edward, Señor de Dôrminia y Príncipe de Thinar, cayó inerte sobre la hierba húmeda de Goldencliff."
Capítulo XX- Parte II- El Poema d los Cuervos-By me
viernes, 13 de agosto de 2010
CÁNTICOS DESDE HIBERNIA
Olas. Viento. Una melodía flotando en las brumas que llevan a la Isla... Un lamento lanzado al aire que se extiende, se eleva y viaja con las nubes grises sobre los campos verdes. El viajero pronto comprenderá... o tal vez no. El barco corta las olas con innegable valentía, henchidas las velas por el aliento de un dios viejo. Los acantilados se elevan allá a los lejos, imponentes muros que guardan una tierra mística y salvaje.
Y Ella espera, de pie en lo alto, tan bella y tan fría como siempre, revueltos los negros cabellos por el viento, clavados los ojos en el océano... Esos reveladores ojos azules, tan relucientes y hechizantes como el acero con que se forjó la espada del Caudillo, aquel al que llamaron el Pendragon.
Suena un arpa y una flauta responde, y al poco se entremezclan en la brisa con los dulces cánticos de los últimos moradores. Olas. Niebla. Lluvia. El agua cae con insistencia y purifica el bosque en que murió el último druida. Una melancolía casi palpable llega a través del aire húmedo y pesado de la tarde, embriagándote, penetrando en cada rincón de tu cuerpo y de tu alma maldita. Pero continúas. Ya queda menos, y la Isla se alza ahora como un ente vivo, poderoso y sugerente; te abraza y te engulle. Quedas envuelto en la bruma. Atrapado. ¿Acaso no es lo que quieres?
Bienvenido a Avalon
Y Ella espera, de pie en lo alto, tan bella y tan fría como siempre, revueltos los negros cabellos por el viento, clavados los ojos en el océano... Esos reveladores ojos azules, tan relucientes y hechizantes como el acero con que se forjó la espada del Caudillo, aquel al que llamaron el Pendragon.
Suena un arpa y una flauta responde, y al poco se entremezclan en la brisa con los dulces cánticos de los últimos moradores. Olas. Niebla. Lluvia. El agua cae con insistencia y purifica el bosque en que murió el último druida. Una melancolía casi palpable llega a través del aire húmedo y pesado de la tarde, embriagándote, penetrando en cada rincón de tu cuerpo y de tu alma maldita. Pero continúas. Ya queda menos, y la Isla se alza ahora como un ente vivo, poderoso y sugerente; te abraza y te engulle. Quedas envuelto en la bruma. Atrapado. ¿Acaso no es lo que quieres?
Bienvenido a Avalon
jueves, 29 de julio de 2010
LAS HUESTES DE THINAR
"El ciervo blanco en campo de gules del famoso Sir Calavher Eryl, el “Caballero Blanco”, ondeaba junto a los cinco soles de Sir Orhomec de Luvhiran, la doncella desnuda de Sir Francis Maiden, las barras rojas y blancas de Sir Andrew de Caravinia, el sabueso de Sir Ayrton “Rapabarbas” Blackstone, los dos leones blancos en campo de sable de Sir Dustin Löwe, las tres dagas de Sir Egbert Kurzschwert, el búho de Sir Ellery Euler, las bailarinas de Sir Branderis Fortenord, la serpiente de sinople sobre campo de oro de Sir Abelard de Torreblanca, el lobo de sable en campo de gules de Sir Alix Grategrand, el embrazado dorado y gules de Sir Kraedhil Laars, los grifos rampantes enfrentados en campo de plata de Sir Alberic “ Ojogrís” Lineland, la campana de Sir Trevor Darevonn, las cuatro cabezas de sierpe en campo azur de Sir Marc de Las Cuevas, el cuartelado amarillo y azur de Sir Hector de Obbermind, la banda de oro cargada con cotiza de negro de Sir Asil de Fabbies, la luna y la doncella sobre campo de sinople de Sir Tryemond Koller, las doce gaviotas blancas en sotuer sobre campo de azur de Sir Tuomas de Wolff, el castillo dorado de Sir Feolir de Wower, las estrellas de Sir Pableck Hayton … y muchos más.
[...]
De súbito, muchos cuernos retumbaron en la parte más alta de la cañada, y trompetas de plata les respondieron más abajo, levantando ecos que vibraron con majestuosidad en el claro día. Una columna de jinetes avanzaba al trote por la orilla, levantando salpicaduras de agua y cieno a su paso. Serían cerca de veinte hombres, todos ataviados con cotas de mallas y petos relucientes, y a su cabeza montaba una figura rebosante de grandeza, con un yelmo abierto de acero labrado y una capa de seda blanca que ondeaba a su espalda, como un leve susurro de primavera, agitada por la brisa. Unos espesos bigotes rojos le cubrían el labio superior a aquel hombre, y en sus ojos oscuros brillaba un fuego temible.
- ¡Abrid paso a Ivhalon, Señor de Galrhaen, Duque de las Llanuras!- gritaba uno de los jinetes, el que portaba el estandarte. Un orgulloso unicornio dorado era batido por el viento en lo alto de la lanza-. ¡Abrid paso al Primer Capitán!"
Capítulo X-Parte II-El Poema de los Cuervos-By me
[...]
De súbito, muchos cuernos retumbaron en la parte más alta de la cañada, y trompetas de plata les respondieron más abajo, levantando ecos que vibraron con majestuosidad en el claro día. Una columna de jinetes avanzaba al trote por la orilla, levantando salpicaduras de agua y cieno a su paso. Serían cerca de veinte hombres, todos ataviados con cotas de mallas y petos relucientes, y a su cabeza montaba una figura rebosante de grandeza, con un yelmo abierto de acero labrado y una capa de seda blanca que ondeaba a su espalda, como un leve susurro de primavera, agitada por la brisa. Unos espesos bigotes rojos le cubrían el labio superior a aquel hombre, y en sus ojos oscuros brillaba un fuego temible.
- ¡Abrid paso a Ivhalon, Señor de Galrhaen, Duque de las Llanuras!- gritaba uno de los jinetes, el que portaba el estandarte. Un orgulloso unicornio dorado era batido por el viento en lo alto de la lanza-. ¡Abrid paso al Primer Capitán!"
Capítulo X-Parte II-El Poema de los Cuervos-By me
viernes, 2 de julio de 2010
EL ÚLTIMO CABALLERO
"Yo caminé por la última senda, allí donde el Cielo cae sobre la Tierra. Yo nací del invierno, y el invierno murió en mi pecho. Mi espada derramó la sangre de cientos de hombres, de caballeros con armaduras esplendorosas y también de mujeres desarmadas y de niños de pecho. Yo rendí las fortalezas más orgullosas, y mi mano acabó con los reyes más grandiosos y con el más cruel de los tiranos. Nunca sentí el miedo, ni tembló mi brazo antes de asestar un golpe.
Y ahora la Noche regresa a mi alma... Y la angustia me apresa entre sus garras.
Si hay algo más allá... ¿qué va a ser de mí? Temo Su juicio. Temo Su perdón."
Anexo III- El Poema de los Cuevos- "De las memorias del último caballero"- By me
Y ahora la Noche regresa a mi alma... Y la angustia me apresa entre sus garras.
Si hay algo más allá... ¿qué va a ser de mí? Temo Su juicio. Temo Su perdón."
Anexo III- El Poema de los Cuevos- "De las memorias del último caballero"- By me
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