"Seamos realistas; pidamos lo imposible"
Che Guevara

lunes, 8 de febrero de 2010

Aquello que se ha de construir

El mundo está enfermo....el mundo se cae.
(Debo aclarar, en primer lugar, que al referirme al mundo lo hago a la sociedad y a la propia existencia humana tal y como la conocemos).
Las nuevas generaciones han perdido el espíritu combativo, y con ello la fuerza. Dicen que vivimos bien, que a dia de hoy no hay por qué rebelarse; mentira. ¿Acaso la situación económica es esplendorosa, acaso todos los Seres Humanos que poblamos este viejo mundo vivimos en óptimas condiciones, con dignidad..? No. Los Humanos vamos ligados (se podría decir, casi, que por definición) a la imperfección, y mientras no haya justicia, dignidad e igualdad total y para todos, habrá algo por lo que luchar. Esto quiere decir (puesto que mientras las personas tengan emociones no existirá una justicia absoluta)que son unas condiciones que nunca se alcanzarán, pero que existen como meta y como brújula, y por acercarse a las cuales hay que combatir.
Pero es difícil cuando se trata de una sociedad (la de ahora y, más aún, la que viene) de sujetos conformistas y tremendamente egoístas, que han perdido por el camino esa conciencia social que tanto les costó forjar a otros (ya muertos), que vivieron y murieron para alcanzar un futuro mejor para las generaciones venideras.
Oigo decir que los políticos están todos corruptos, que ninguno vale... A la gente le aburre la política, opina que no va con ellos, y se queja del Gobierno, de los impuestos y de la exasperante lentitud de la burocracia. Me dan pena.
Me dan pena porque a pesar de ver la realidad no la comprenden, porque son demasiado vagos para actuar, porque tiene miedo al cambio; ¿Hemos de esperar sentados a que la ruina, el hambre y la guerra asolen nuestras tierras (España, Europa, el mundo...)?
¿Qué se necesita para llevar a cabo una revolución? No aguardemos a la deseperación;nos basta (o nos debería bastar) con nuestra voluntad.
La política es el primer paso. La sociedad parece haber olvidado que es la dueña de su destino, que muchos cayeron a lo largo de los siglos para recuperar el poder, que siempre nos ha pertenecido. Los presidentes, cancilleres y ministros son sólo depositarios de nuestra voluntad; cumplen una función, nada más. No son más que ningún otro, ni tienen mayores derechos. La política es cosa de todos. El primer paso es hacer memoria, y ejercer esa voluntad: creer en el sistema para mejorarlo y, si es necesario, cambiarlo.
Cuando un Zapatero pierde popularidad, un Rajoy la gana...¿Por qué?¿Acaso somos todos imbéciles? No es mejor uno que otro; sólo cacarean y se pasan la pelota, tratando de que la patata caliente no les explote en las manos. Esos son los que más asco y pena me dan.

Acomodados en el poder, saben que sólamente deben debilitar al contrario hasta llegar arriba(y si caen, vuelta a empezar): eso ocurre porque cuentan con que todos esos ididotas que dicen "para que votar a otro, si siempre ganan los mismos" van a entregarles de nuevo su voluntad y su destino.
Si la sociedad no cree en un cambio, ese cambio nunca se producirá.

Y mientras, tantos y tantos millones de imbéciles acomodados, holgazanes, conformistas y sin espíritu crítico ahogan su fuerza en alcohol, coca, fútbol y moda....

Si Trotsky levantara la cabeza..

jueves, 28 de enero de 2010

FLORES DE OTOÑO

Shinia picó espuelas. La noche caería a no mucho tardar sobre el valle, y no podía permitirse llegar tarde otra vez. Galir, su pony, estaba agotado. Habían estado toda la tarde en el bosque de Tredhan, al otro lado del río, y aún quedaba un buen trecho hasta el castillo .La muchacha susurró unas palabras junto a la oreja del animal, y Galir trotó veloz por la falda de la colina. Los árboles, vestidos con sus mantos dorados, formaban espesas barreras a uno y otro lado del camino. A Shinia siempre le habían gustado los colores del otoño, pero ahora no tenía tiempo para detenerse a admirarlos. Las sombras se extendían ya cubriendo la orilla oeste del Hediar, y aún no se divisaban las torres del castillo.
De súbito, al llegar al pie de la colina, Galir se puso nervioso y se encabritó. Shinia cayó al suelo y el pony se alejó, asustado. Cuando la niña se levantó sintió miedo. Nunca antes había actuado así Galir. El viento gemía al pasar entre los robles, y poco a poco todo fue volviéndose más y más oscuro. El camino se difuminó, perdiéndose en las tinieblas que invadían cada rincón del bosque, y al poco Shinia ya no era capaz de orientarse. En el monte, un lobo aulló, y otros le respondieron instantes después, como un coro de lamentos angustiados. La luna acababa de salir tras los picos.
Shinia gritó y pidió socorro, mas nadie respondió. No mucho después, cansada y aterida, echó a andar por el bosque en la dirección en la que suponía que se encontraba la senda. Caminó así durante un tiempo, sin saber muy bien si eran horas o sólo minutos.
La luna pronto quedó cubierta por las nubes, y nada había ya que iluminara el cielo.
Shinia sentía como cientos de ojos la observaban desde la oscuridad, y corrió temerosa de seres fantasmales.
Unas tenues luces se encendían en la lejanía y parpadeaban en la negrura. Allí, en un claro donde bailaban hermosas figuras junto a las hogueras y sonaban melodías y música de flautas y arpas de cuerdas de plata. La niña caminó presurosa hacia ellos, buscando cobijo y protección, o tal vez sólo el candor de las llamas.
Muchos hombres de cabellos de oro y plata y muchas doncellas vestidas con ropajes de hojas y flores danzaban al son de alegres canciones, y ninguno pareció reparar en la presencia de la niña. En el centro del claro, por encima de todos los demás, una hermosa dama vestida con sedas blancas estaba sentada en un trono de piedra tallada. Su piel era del color de la nieve, sus ojos centelleaban como las aguas del mar en la tarde, y muchos animales del bosque y grandes lobos yacían dormidos a sus pies.
Apenas hubo dirigido a Shinia su mirada, y la niña olvidó la oscuridad y se vio despojada de todos sus miedos.
- ¿Quién sois, bella señora?- preguntó Shinia-. ¿Y por qué bailan estas nobles gentes en la noche?
- Soy el bosque, pequeña niña, y aquellos que ves danzar junto a las hogueras son mis hijos- respondió la dama. Su voz era cálida y suave-. Festejamos el final del verano, pues el otoño cae ya sobre mí, y ahora espera sólo el sueño. Pero tú te has extraviado en mis sendas y has sido testigo de nuestros bailes, y eso es algo que nunca le fue permitido a ningún hijo de los Hombres.
- No quisiera yo enojaros, señora, mas mi error no fue otro que el descuido, y no pretendí irrumpir en vuestros festejos- se disculpó la niña.
- Lo sé, y no te culparé por ello.
Sin decir una palabra más, la doncella de blanca piel se levantó, y un sol pareció rutilar en sus pupilas. Bajó del trono apenas tocando el suelo, y tomando a Shinia de la mano la llevó junto a las hogueras. Su tacto era cálido, y más aún lo era el fuego que se elevaba chisporroteando del suelo otoñal.
La niña bailó con los señores y las damas de mantos floridos, y bebió dulces vinos de miel y probó bocados de extraños manjares, a cada cual más exquisito, y las horas corrían con premura sobre la encantada floresta, y todo quedó sumido en un inacabable compás de flauta, y decenas de pies descalzos danzaron en el aire gélido y gris de la aurora. La noche llegaba a su fin, y el verano moría entre los adustos pinos de verdes atavíos, impasibles guardianes de una melodía aletargada.
Shinia tenía tanto, tanto sueño….
- Acompáñanos- le ofreció la señora del bosque, con el cabello trenzado súbitamente iluminado. Los pájaros cantaban en derredor la más dulce de las canciones-. Ven conmigo, y el verano nunca perecerá en ti.
Los primeros rayos del Sol acariciaron las níveas cumbres de las montañas lejanas, y el fuego del cielo prendió el paisaje con un centelleo dorado y rojo.
Cuando los jinetes, con lanzas en las manos frías y mallas de hierro sobre sus cuerpos cansados, alcanzaron en su búsqueda las estribaciones del claro, sólo hallaron un cuerpo menudo y encogido, acurrucado entre las raíces nudosas de un roble. “
Parece una niña”-apuntó uno. “Los dioses no quieran que así sea”-murmuró otro.
Allí, con una sonrisa trazada en la cara, yacía el cuerpo sin vida de Shinia, hija de su señor.
- “Habrá muerto durante la noche- supuso un tercero, al tiempo que se llevaba la mano al pecho-. Pobre cría.”
Los hombres la cargaron con cuidado a la grupa de un caballo y abandonaron el lugar, maldiciendo y con las cabezas sobre el pecho, y ninguno entre ellos reparó en la brillante flor azul que crecía junto al árbol en que habían encontrado a la muchacha.
La última flor del verano.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Un reino viejo - La caída del Norte

Hevren picó espuelas y se adelantó, trotando colina arriba. Luego, al llegar a la cima, se detuvo para esperarlos, erguido sobre la silla, con los cabellos al viento. Una lluvia fina y fría caía de lado sobre las lomas verdes.
Bajaron en silencio por un camino de tierra convertido en barrizal, y recorrieron una playa de arenas blancas mientras las olas lamían la orilla y los cascos de los caballos. Nadie habló entonces, ni tampoco más tarde, cuando remontaron un suave repecho rocoso para ir a dar a una extensión de piedras negras que llegaba hasta el risco en que se elevaba Hagglevat. Algunos postes machados de hollín y sal surgían del suelo, testigos silenciosos de un pasado sombrío, y las gaviotas chillaban en lo alto, ruidosas, describiendo círculos sobre unos escollos cercanos. En la lejanía rugió un trueno.
La vieja fortaleza se alzaba en lo alto de una peña cubierta de húmeda hierba, con las torres en ruinas destacando contra el cielo gris de la mañana tempestuosa. No era especialmente grande, los muros estaban medio derruidos y las enredaderas se abrazaban a la piedra desnuda; sin embargo, algo existía en aquel lugar que helaba la sangre en las venas, una sensación que aumentaba a medida que iban ascendiendo por el sendero que serpenteaba hasta las puertas del rey Crannon.
Otro trueno sacudió cielo y tierra con su bramido, y luego la lluvia cayó con más fuerza, mientras el océano embravecido pugnaba, feroz, contra los adustos acantilados.

martes, 24 de noviembre de 2009

OTRA VISIÓN DEL VALLE DE TORANZO

Los árboles, doradas figuras altivas alzándose hacia el cielo limpio y claro, dotaban al paisaje de un cierto aire de cuento de hadas... Allá arriba los montes, verdes, impasibles y tranquilos, permanecían en silencio mientras el viento susurraba a solas, levantando sin piedad espirales de hojas brillantes y huecas, que crujen y caen al suelo envueltas en una luz leve, filtrada entre las ramas protectoras. El otoño se arrastra con deliberada lentitud por cada roca y cada arroyo, extendiendo sus rojos lazos por los bosques que habitan en las laderas. Dos buitres gravitan junto al sol, observando, como viejos dioses de un pueblo muerto, siempre a la espera... Y un caballo trota con energía sobre un campo rutilante, acariciado por el beso delicado de la mañana...
En días así, merece la pena estar vivo.

lunes, 23 de noviembre de 2009

LA MAYOR HERENCIA DE LA HISTORIA..;)

Carlos de Habsburgo, I de España y V de Alemania, Rey de los romanos y Emperador del mundo, Archiduque de Austria, Rey de Castilla, Rey de Aragón, Rey de Valencia, Rey de Mallorca, Rey de Granada,Rey de Nápoles,Rey de Jerusalén, Rey de Navarra, Rey de Sicilia y Cerdeña, Duque de Borgoña, Señor de Vizcaya, Señor de Molina, Conde del Rosellón y Cerdaña, Duque de Atenas y Neopatria, Marqués de Oristan y Gorciano, Conde de Barcelona, Soberano de los Píses Bajos y Luxemburgo...

Por favor, si alguien sabe de una herencia mayor o más importante, que me lo haga saber...^^

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Canción del invierno

Susurró el viento y cantaron
las espadas de acero sobre acero
y en lo alto los truenos bramaron
y lloraron las nubes en su cielo.

La lluvia cayó sobre el campo
con rabia y desgracia y tormento
y el invierno llegó con su manto
de nieves blancas su gélido aliento.

Sólo fuego, y hierro, y muerte,
venganza de un dios inclemente,
maldicen los hombres su suerte
y desean que el sol ya despierte.

SCANDINAVIAN: una visión romántica de un mundo viejo